Capítulo 1
No recuerdo la hora, y tampoco importa. Estaba en un hotel de Amsterdam que tenía de esas cosas para limpiarse los oídos con una punta de algodón de cada lado. Resolví usarlas y resulta que al primer intento, desde la oreja derecha el algodón salió con sangre roja. Probé varias veces y el mismo resultado. Finalmente abandoné el asunto al ver que no había ninguna catarata y que aquello parecía inofesivo. ¡Vaya una a saber por qué pasan ciertas cosas! Me tomé la presión a lo bestia (apretando fuerte la mano durante un minuto conta la pared) y me dio perfecta. Está todo normal, me siento bien, no pasa nada. Punto.
Capítulo 2
Primero explico un poco como era el lobby: un bar con un señor muy simpático que conocía el Martini Dry de Buñuel (adoré), luego una mesa larga con dos computadoras y finalmente un living muy cómodo para leer.
Allí me encuentro con mi compañero de trabajo, en la mesa con las compus. Nos conectamos, hablamos de cualquier cosa y le comento lo de la oreja. Se preocupa y propone médico y todas esas cosas que dice la gente. Yo le resto importancia y me voy al living a leer un libro muy divertido sobre el funcionamiento del cerebro de los ingleses.
Capítulo 3
Como a los tres cuartos de hora, se me acerca el compa. Apenas abrió la boca me di cuenta que estaba preocupadísimo con mi oreja y en todo ese tiempo había pensado una estrategia para convencerme de ir al médico. El pretexto era que al otro día teníamos que viajar, creo que a Berna, y que "en esas condiciones era muy peligroso".
En fin, fue una larga discusión donde terminé poniéndome un escarbadiente en el oído para mostrarle que ya estaba bien y que no tenía ninguna importancia. Pero no había caso, seguía con la cosa. Yo, de sólo imaginarme el tramiterío de ir al médico me moría del embole. Por supuesto, tengo seguro del SEMM, pero es un largo asunto. No recuerdo qué pasó con eso, pero finalmente para no aguantar más los reclamos de mi amigo, acepté ir a la recepción y preguntar si el hotel tenía médico. Si, claro que tenía. Pero llamarlo salía tan caro -por nada- que me negué terminantemente.
Capítulo 4
Nada pasó. Fuimos a cenar y allí me entero que estaba aterrado porque si me pasaba algo tal vez mi hermana y mi sobrina lo colgarían de las bolas, porque pensaba que en el próximo avión iba a tener una hemorragia por las orejas y tal vez también por la nariz, y no se cuántas cosas más. Lindo tema para una cena holandesa.
Capítulo 5
¿Qué tiene que ver esto con Drexler? Bueno, es que me revienta, no lo banco, me aburre. Musicalmente digo. Pobre, no me hizo nada, ni siquiera lo conozco. Pero a veces es tema de conversación con mi compañero de trabajo y viaje. Cuando hace dos días leí en su FB que "el último corte de difusión de Jorge Drexler hace sangrar a los oídos", se me aclaró todo. Estoy segura que en algún lugar de aquel hotel estaban pasando "Al otro lado del río". Eso explica lo de mi oreja.