lunes, 20 de septiembre de 2010

Memoria con scanner





















Me compré un scanner y como resultado estuve durante horas revisando fotos entreveradas y difíciles de encontrar. Di con algunas que me llevaron a la primera infancia, a la segunda, tercera, etc. Casi un siglo. Perdidas entre cientos encontré unas pocas del exilio en Madrid y sentí ganas de publicarlas.

Por ahora voy a ingresar éstas, aunque también tengo ciertos testimonios muy tiernos de cómo se fue gestando un afiche. Será en una segunda entrega.

Las dos primeras son de 1979, en la fiesta de Mundo Obrero, donde nos encontramos con los desterrados de la tierra. En el stand de Uruguay estábamos todos unidos: el Comité de Solidaridad, los compañeros de la CNT y el PC, tal como indican las fotos al fondo. Ello producto de largas y pesadas negociaciones que podrían ser tema para otro post si tuviera ganas de escribirlo. Pero no.

Las dos siguientes fueron sacadas en un 1º de Mayo del que no recuerdo el año. Allí estábamos todos, aunque las fotos son bastante malas y no se ve mucho. En una reconozco a Villar y a Roberto Dotti levantando el puño y en otra a Carlitos Bouzas y Miguel Fernández. Lamentablemente olvidé el nombre de la compañera de amarillo que va con la bandera de Libertad o Muerte. Es uruguaya y trabajaba como enfermera.  Clickeando se agrandan.



viernes, 27 de agosto de 2010

Bienvenido Bob, mi amor

Onetti es complicado, te remueve y te interpela. También -te dicen- hay que entender su entorno en los '30 y '40, etc. Estoy de acuerdo, aunque a veces leés a alguien del siglo XVII y lo entendés perfectamente aunque no sepas lo que pasó en su entorno. Tal vez en Uruguay está interpretado según la uruguayez que aun padecemos o porque es muy cercano en el tiempo.

¿A qué viene todo esto? Bueno, porque leyendo su cuento Bienvenido, Bob considero que solamente en Tontovideo o Tontouruguay se puede insistir en que no hay una tensión erótica entre el narrador y Bob. Los argumentos en contra son atendibles aunque limitados: que es la envidia a la juventud de Bob y la venganza posterior al verlo más viejo o gastado como él era antes.

Otra: que Bob era el espejo de su hermana (Inés, casi inexistente en el relato), o que el cuento refleja su herida nacrcisista. De acuerdo también. Pero yo simplemente pongo a consideración algunos fragmentos del cuento -tal como hice con amistades que nunca lo habían leído- y les pregunto qué les sugiere. Por supuesto que dando por sentado que leerán todo el texto, si no, no vale.

Les adelanto que Bob es el hermano de la novia del narrador, personaje sin nombre que vive pendiente de él en todo el cuento, no de su novia. De ella nunca dice que la ama, sino que finalmente "siente la necesidad de casarse", necesidad inducida por el "rechazo-seducción" de Bob. La rivalidad que se da entre los dos hombres es el centro del cuento, en cambio el noviazgo con Inés no tiene casi importancia. Sin embargo Bob y el narrador tienen una carga emotiva muy fuerte.

"Casi siempre solo (Bob), escuchando jazz, la cara soñolienta, dichosa y pálida, moviendo apenas la cabeza para saludarme cuando yo pasaba, siguiéndome con los ojos tanto tiempo como yo me quedara, tanto tiempo como me fuera posible soportar su mirada azul detenida incansablemente en mi, deteniendo sin esfuerzo el intenso desprecio y la burla más suave". (...)


"A veces me sentía fuerte y trataba de mirarlo, apoyaba la cara en una mano y fumaba encima de mi copa mirándolo sin pestañear, sin apartar la expresión de mi rostro que debía manterse frío, un poco melancólico. En aquel tiempo Bob era muy parecido a Inés, podía ver algo de ella en su cara a través del salón del club, y acaso alguna noche lo haya mirado como la miraba a ella".  Hay más, pero me cansé de copiar. Lean el texto.

No pienso que sea un cuento gay, sino que tal vez haya que verlo dentro de la visión masculina de Onetti y su preferencia por lo andrógino. Es un cuento homoerótico. No se si él era consciente, pero para mí es obvio.

jueves, 12 de agosto de 2010

Un sueño no realizado

Hoy me levanté cansada por culpa de Onetti. Anoche leí otra vez Un sueño realizado analizando cada párrafo y el resultado fue un sueño larguísimo que me tuvo de arriba para abajo y terminé llorando a lágrima viva (en el sueño, por suerte).

Entro a una tienda y las empleadas me convencen que compre una pollera plisada color celeste que me llega hasta las rodillas, acompañada de una especie de chalequito. Quienes me conocen pueden imaginarse cómo me quedaba: mis caderas aumentaron al doble y de la edad ni hablo. Yo no estoy convencida pero ellas insisten tanto que estoy a punto de comprarla, aunque decido salir a a la vereda a consultar. Allí, en una mesa de café, estaba mi madre y tres amigas que no identifico. Todas aplauden y dicen que aquello es elegantísimo.

Pasando por un tubo de un ambiente a otro, me encuentro en la casa de mi amiga L. Allí hay mucha gente, me presentan a un matrimonio que nunca había visto y todos socializamos hablando de cosas que no recuerdo. Cuando llega el momento de irse, yo no puedo porque estoy descalza. Aquí comienza el drama: mis adoradas botas grises habían desaparecido, también mi preciosa cartera roja.

Realizo una búsqueda habitación por habitación en una casa que ahora es enorme y sin fin, me arrastro debajo de las camas, de las bibliotecas, de todos los muebles, en la cocina, en el baño. Miro acusadora a la pareja, que al rato se va.

Y allí quedé, descalza, desconsolada y sin un peso, añorando mi cartera y las botas (¿dónde iba a conseguir otras así?). Lloré tanto, tanto.

sábado, 24 de julio de 2010

Volví

Bueno, por aquí ando otra vez. Leo, escucho música, pienso, me caliento con la política (inevitable), no atiendo el teléfono, compro verduras que luego no cocino y me voy a comer un chivito al Tinkal. Nada nuevo en este estado de letargo en el que estoy sumergida.

Lo del teléfono es otra historia, que no tiene que ver con esta situación, sino con otras cosas personales. O tal vez sí tiene mucho que ver, pero eso lo pensaré el mes que viene.

Pero resulta que el otro día quedé en estado de congelamiento. No de frío, sino de no sé qué, algo así como cuando con los ojos abiertos mirás pero no ves y la cabeza te anda a mil. No se por cuánto tiempo, pero fue divertido. Les prometo que la semana próxima se los cuento.

viernes, 23 de abril de 2010

Sangran los oídos y Drexler

Capítulo 1

No recuerdo la hora, y tampoco importa. Estaba en un hotel de Amsterdam que tenía de esas cosas para limpiarse los oídos con una punta de algodón de cada lado. Resolví usarlas y resulta que al primer intento, desde la oreja derecha el algodón salió con sangre roja. Probé varias veces y el mismo resultado. Finalmente abandoné el asunto al ver que no había ninguna catarata y que aquello parecía inofesivo. ¡Vaya una a saber por qué pasan ciertas cosas! Me tomé la presión a lo bestia (apretando fuerte la mano durante un minuto conta la pared) y me dio perfecta. Está todo normal, me siento bien, no pasa nada. Punto.

Capítulo 2

Primero explico un poco como era el lobby: un bar con un señor muy simpático que conocía el Martini Dry de Buñuel (adoré), luego una mesa larga con dos computadoras y finalmente un living muy cómodo para leer.

Allí me encuentro con mi compañero de trabajo, en la mesa con las compus. Nos conectamos, hablamos de cualquier cosa y le comento lo de la oreja. Se preocupa y propone médico y todas esas cosas que dice la gente. Yo le resto importancia y me voy al living a leer un libro muy divertido sobre el funcionamiento del cerebro de los ingleses.

Capítulo 3

Como a los tres cuartos de hora, se me acerca el compa. Apenas abrió la boca me di cuenta que estaba preocupadísimo con mi oreja y en todo ese tiempo había pensado una estrategia para convencerme de ir al médico. El pretexto era que al otro día teníamos que viajar, creo que a Berna, y que "en esas condiciones era muy peligroso".

En fin, fue una larga discusión donde terminé poniéndome un escarbadiente en el oído para mostrarle que ya estaba bien y que no tenía ninguna importancia. Pero no había caso, seguía con la cosa. Yo, de sólo imaginarme el tramiterío de ir al médico me moría del embole. Por supuesto, tengo seguro del SEMM, pero es un largo asunto. No recuerdo qué pasó con eso, pero finalmente para no aguantar más los reclamos de mi amigo, acepté ir a la recepción y preguntar si el hotel tenía médico. Si, claro que tenía. Pero llamarlo salía tan caro -por nada- que me negué terminantemente.

Capítulo 4

Nada pasó. Fuimos a cenar y allí me entero que estaba aterrado porque si me pasaba algo tal vez mi hermana y mi sobrina lo colgarían de las bolas, porque pensaba que en el próximo avión iba a tener una hemorragia por las orejas y tal vez también por la nariz, y no se cuántas cosas más. Lindo tema para una cena holandesa.

Capítulo 5

¿Qué tiene que ver esto con Drexler? Bueno, es que me revienta, no lo banco, me aburre. Musicalmente digo. Pobre, no me hizo nada, ni siquiera lo conozco. Pero a veces es tema de conversación con mi compañero de trabajo y viaje. Cuando hace dos días leí en su FB que "el último corte de difusión de Jorge Drexler hace sangrar a los oídos", se me aclaró todo. Estoy segura que en algún lugar de aquel hotel estaban pasando "Al otro lado del río". Eso explica lo de mi oreja.

jueves, 8 de abril de 2010

¿Vespa o cuatriciclo?


Empeñada en mis planes ociosos se me ocurrió que voy a necesitar cierta locomoción para trasladarme a un super, una farmacia o a comprar cigarros. Para la bicicleta la distancia es muy grande, estoy fuera de entrenamiento y sólo será posible dentro de un tiempo.

Tengo las dos opciones del título. Me gusta la Vespa, pero el cuatriciclo me permitiría andar bobeando por la orilla, manejar en la arena e imaginarme que estoy en la costa Este de EEUU si se me da la gana. Pero no puedo superar cierto rechazo estético por ese aparato y me veo ridícula ahí arriba.

Con la Vespa solo puedo imaginarme que voy a encontrarme con Alberto Sordi pero no quiero. Pero bueno Elsa, no jodas más y decidite. Ojo, además necesitás casco.

miércoles, 7 de abril de 2010

Hacer lo que se me cante en el momento que se me ocurra

Es la mejor definición que se me ocurrió para contestar cuando me preguntan: ¿No querés trabajar más? ¿Qué querés hacer? ¿Qué vas a hacer de ahora en adelante? Yo, que nunca pude hacer un plan ni a largo ni mediano plazo, lo único que puedo decir es lo del título.

Ahora -no sé hasta cuándo ni me importa- tengo la cabeza ocupada con planes de ocio y el tema me tiene muy divertida. Pienso en una lista de libros, en Mozart, en una bicicleta, en DVDs, en un horno de pan y hasta ¡en una pantalla plana! Todo en forma errática, faltaba más.