
Bueno, por aquí ando otra vez. Leo, escucho música, pienso, me caliento con la política (inevitable), no atiendo el teléfono, compro verduras que luego no cocino y me voy a comer un chivito al Tinkal. Nada nuevo en este estado de letargo en el que estoy sumergida.
Lo del teléfono es otra historia, que no tiene que ver con esta situación, sino con otras cosas personales. O tal vez sí tiene mucho que ver, pero eso lo pensaré el mes que viene.
Pero resulta que el otro día quedé en estado de congelamiento. No de frío, sino de no sé qué, algo así como cuando con los ojos abiertos mirás pero no ves y la cabeza te anda a mil. No se por cuánto tiempo, pero fue divertido. Les prometo que la semana próxima se los cuento.

Els, seguí escribiendo que te re leemos. Y, como sabés, estoy pasando por algo parecido. Pero bueno, creamos en los ciclos, en el cosmos y en la astrología. Ya estoy un poco podrida y tengo ganas de salir.
ResponderEliminar¡Bravo!. Tuve que mirar dos veces para creer que había un post nuevo acá.
ResponderEliminarLindísimo post. Es una cagada que los momentos de más desconcierto son los que generan mejores textos. Se espera la continuación del cuento del congelamiento.
Y arriba, que mientras en el Tinkal sigan haciendo esos chivitos, no todo está perdido.